Buenas buenas!!
El sábado estaba con amigos en casa, comiendo chinerías. Mientras tanto, se había armado una pequeña charla selectiva entre dos o tres sobre discos de los red hot chilli peppers, john frusciante, que luego derivó hacia si Slash debería ser considerado buen guitarrista, y bla bla. Charla de rockeritos. Yo estaba del otro lado de la mesa, con srta X y una amiga. Yo no quería hablar de eso, y las srtas no entendían nada del asunto. A mí la verdad me aburre hablar de los músicos como la gente habla de los futbolistas: que tal toca bien, más o menos rápido que el otro, que en el 74 tocó con tal, luego con tal otro, hizo un show memorable en agosto del 87 en Nevada, o si su guitarra es del año 67 o 75.
Aparte, las srtas estaban al lado mío, y formamos nuestra pequeña charla sobre lo aburrido de la otra charla. Por lo que la srta X me propuso iniciar algún tema tabú, o llámese pequeña discusión o charla que no tendrá fin.
Así que me envalentoné y salí al cruce diciendo "La verdad que lo que me pasa últimamente es que no soporto los rockeros y sus poses/rituales" O algo así. La cosa es que es algo que me pasa últimamente. Y coincidir en el asunto con lo que piensa srta X, hace que el planteo cobre aún más fuerza.
Me molesta la figura del animador. Del agitador. Del ritualismo tonto y falso. Paso a explicarme, para que no se enojen antes de tiempo:
Acá se mezclan muchas cosas. Así que vamos a empezar por separar lo que es la música en sí, de lo que es un show. Cuando yo voy a un recital, me gusta concentrarme en la música, o el show. Pero me gusta concentrarme como se me canta. Razón por la cual, cualquier intento del frontman en animarme, me irrita. Porque interrumpe mi mambo personal, con un acting destinado a agitar gente que no está vibrando con la música. El prototipo del fanático del rock, ese que va a empujarse adelante, está vibrando con otra cosa, algo que no es la música, y algo que a mí no me interesa. Y que considero que no es parte de la música, es otra cosa.
Para ser malo voy a poner el ejemplo de Hitler: una de las cosas que hacía para fomentar el fanatismo era diseñar rituales donde se exaltarían todas las falencias personales de los asistentes y propias que lo hacían simpatizar con esa forma de pensar, y usar el ritualismo y la masificación para fabricar o hacer crecer el fervor.
Y en este caso pasa algo parecido: el rockstar necesita que le inflen el ego. Y qué mejor cosa que miles de fanáticos juntos saltando. Ahora, los fanáticos no están escuchando solamente, sino que están pasando por la experiencia de compartir su flash, su sudor, sus empujones con otras personas. Conociendo algunos fanáticos, podría decir que el fanático deposita en su ídolo todo lo que le falta, y esa es la razón por la que vibra tanto con él: lo idolatró. Al convertirlo en ídolo, tanto el ídolo como el fanático pierden su identidad para convertirse en algo diferente de lo que son como personas.
Entonces, el rockstar va a agarrar ese fanatismo para sentir su poder, inflar su ego. Y con eso darle al fanático justamente lo que quiere: un ídolo.
Pueden buscarle otras interpretaciones diferentes, pero tarde o temprano deberían caer en que es algo que no tiene que ver con la música.
Diferente es la energía del músico transmitida a través de su instrumento o su garganta. Esa es la verdadera magia de la música en vivo. Todo lo demás es accesorio, no está relacionado con la música en sí.
Por supuesto que este tema provocó una jugosa discusión larga y sin fin, que luego incluyó otros temas problemáticos de la música, como ser la absoluta farsa de los "bises" (todos saben que vienen, está en la lista de temas del músico, y sin embargo la gente quiere pasar por el ritual de simular que necesitan aplaudir al músico para que vuelva, mientras el músico espera el suficiente tiempo como para que el público sienta que realmente vuelve porque se lo piden y no porque su lista de temas tenía una sección llamada "bises")
Hasta la próxima, espero que vengan a discutir conmigo!
Rayuela - Capítulo 7
Hace 4 horas


